Cómo armé mi rutina de trabajo profundo entre viajes

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Cómo armé mi rutina de trabajo profundo entre viajes

Durante años trabajé "cuando podía": entre entrenamientos, después de un viaje, en aeropuertos. El resultado era predecible: mucha actividad, poco avance. Los proyectos grandes — los que sostienen la marca — necesitan otra cosa.

Hoy mi semana se arma al revés. Lo primero que entra al calendario son dos bloques de tres horas de trabajo profundo, a la mañana temprano, sin teléfono en la habitación. Recién después entran los entrenamientos, las reuniones y el resto. Suena obvio; me llevó tres años hacerlo de verdad.

En esos bloques no se responde nada, no se edita "un videíto rápido", no se chusmea la tienda. Se hace una sola cosa: la más importante del proyecto en curso. Ahora mismo, eso es la colección nueva de la marca. El mes pasado, era el guion de la serie de la expedición.

¿Y cuando estoy de viaje? Bajo la vara, no la tiro: un bloque de una hora, a la mañana, con cuaderno si no hay computadora. La constancia le gana a la intensidad — eso lo aprendí entrenando y aplica idéntico acá.

Lo que más me costó aceptar: proteger esos bloques implica decir que no a cosas lindas. Colaboraciones, salidas, hasta entrenamientos. Pero cada proyecto terminado de los últimos dos años salió de ahí adentro. La rutina aburrida es la que financia la aventura.

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